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Fútbol; Derrota de Pardillos El Sporting se muestra valiente en el Pizjuán pero paga caros sus graves errores defensivos. El Sporting cayó en Sevilla (4-3) en un partido en el que mostró todas sus debilidades defensivas --ya conocidas desde la pretemporada--, algo que empañó sus buenas maneras en ataque. Bilic firmó un hat-trick en un extraño encuentro que se acabó decidiendo en la segunda parte por un grave error de Sergio, que alternó errores con intervenciones de verdadero mérito.
Es la segunda derrota de los rojiblancos --ambas por la mínima-- que deja un poso de preocupación porque el equipo gijonés necesita apuntalar la retaguardia y ser más contundente. Pero el Sporting plantó cara a un equipo que aspira a ganar la Liga, lo hizo con buen juego y un sacrificio extremo, camino sin duda correcto para cuando lleguen los partidos de su Liga. Iván Hernández entró en la segunda parte y el equipo asturiano mejoró bastante defensivamente. El Sporting le entregó el balón al rival nada más arrancar el encuentro. La primera ocasión local llegó en una volea lejana de Maresca (m. 4) que detuvo Sergio en dos tiempos; la respuesta de los rojiblancos fue un disparo sin fuerza de Bilic, tras robo de Carmelo, que no supuso contratiempo alguno para Palop. Pudo marcar el Sevilla a los siete minutos, en un saque de falta de Maresca, con doble remate a bocajarro primero de Fazio y después de David Prieto, pero Sergio se lució por partida doble. Una ocasión muy clara, que animó aún más a los sevillistas. Kanouté la tuvo de cabeza tras servicio de Navas, pero su envío salió desviado (m. 10). En la acción posterior Maresca botó una falta, pero Fazio --libre de marca en el segundo palo-- no llegó al remate por bien poco. Sergio intervino con acierto en un remate de Capel, tras jugada ensayada a la salida de un córner, jugada previa al 0-1. LOCURA GOLEADORA En seis minutos el partido se volvió loco. Diego Castro pilló un balón por su banda --el primero-- y buscó el golpeo tras recortar. Su disparo acabó en el fondo de la portería local, tras pasar entre Squillaci y Bilic, y superó a Palop (0-1, m. 17). Casi sin tiempo para celebrarlo llegó el segundo. Carmelo se adentró en el área con una velocidad endiablada y sirvió a la posición de Bilic para que el croata metiera la pierna y firmara el 0-2 (m. 19). Sorpresón en el Sánchez Pizjuán, y por partida doble. Lo peor que le pudo pasar al Sporting sucedió, de nuevo, dos minutos más tarde. Jesús Navas metió un balón al área que superó a Jorge primero y a Colin después y que, tras pasearse por delante de Sergio, acabó enviando Chevanton de cabeza al fondo de la meta rojiblanca (1-2, m. 21). Ese tanto espoleó a los sevillistas, que apretaron más que nunca al equipo gijonés. Colin enmendó su error --el primer gol fue, sobre todo, error suyo-- echándose al suelo con todo para impedir que un disparo de Maresca encontrara el fondo de la red con Sergio ya batido (m. 25). Los rojiblancos volvieron a acercarse al área local pasada la media hora de juego, en un disparo de Maldonado que se le marchó bastante alto (m. 32). El Sporting se durmió en un saque de banda y el Sevilla logró el empate. Primero un recogepelotas avispado, después Maresca con un buen servicio y, por último, Kanouté en el segundo palo hicieron posible el 2-2 (m. 36) que ponía las tablas. El Sporting volvió a lucir como equipo de Primera para toda España. Y lo hizo dejando buenas sensaciones en ataque y mostrando muchos signos de debilidad en defensa. Es cuestión de adaptarse, pero el rival que el equipo de Preciado tenía ayer delante era capaz de sacar los colores a cualquiera. El retorno a la mejor Liga del mundo tenía que ser luciendo los históricos colores: camiseta rojiblanca, pantalón azul y medias azules con vuelta roja. Se había anunciado la indumentaria roja íntegra, pero se cambió el criterio. Los expedicionarios se dieron cuenta pronto --el viernes-- que el cambio de categoría es ya una realidad. Viaje en chárter --con los medios de comunicación y escasos aficionados-- y detalles sportinguistas a bordo hasta para limpiarse las manos. En el Sánchez Pizjuán el equipo estuvo acompañado por doscientos seguidores, pero con el lleno se notó menos. En Segunda era más fácil llamar la atención. Textos e imágenes extraidos del periódico online:www.lavozdeasturias.es
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